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Para muchas mujeres volver a ser solteras es degradante  y sienten inseguridad con su físico.

De vuelta al ruedo

Un reciente libro enseña a las mujeres maduras cómo reencaucharse para la conquista luego de un divorcio o de la viudez.

Frente al teléfono Susana duda de si es conveniente llamar a Pablo, un colega que conoció hace un par de semanas en una reunión de trabajo y con quien ha intercambiado coqueteos. Su inseguridad es falta de entrenamiento. La última vez que tuvo que enfrentarse a algo similar fue hace 30 años, cuando tenía 28, su cuerpo estaba firme y trataba de conquistar a quien se convertiría en su esposo. Ahora, a los 58, viuda desde hace dos años y abuela de dos niños, no sabe si lanzarse de nuevo al azaroso juego del amor o aprovechar sus ratos libres para el tejido, la jardinería y sus reuniones literarias.

Estar en el mercado de la conquista nunca ha sido fácil. Y tiene más obstáculos para aquellas mujeres que han estado casadas por mucho tiempo y que de repente, ya sea por la muerte o por separación de su pareja, han vuelto al estado civil de solteras. Aunque no quieren morir sin sentir de nuevo los brazos de otro hombre sobre su cuerpo, no están muy seguras sobre cómo conseguirlo o tienen miedo de salir humilladas y con el corazón herido. "Ha pasado mucho tiempo y no saben quién debe pagar la cuenta de la comida, quién debe llamar, cómo explicar lo de su divorcio de una manera elegante o qué hacer para romper el hielo bajo las sábanas con un amante si desde hace muchos años el único hombre que las ha visto sin ropa es el ginecólogo", dice a SEMANA la sicóloga Judith Sills, autora del libro Getting Naked Again, que en español traduce Volver a desnudarse.

El libro busca aplacar la ansiedad que tienen las mujeres para relacionarse con un hombre nuevo luego de terminar una convivencia de varios años con el marido, quien en el caso de muchas fue el único que vio cómo el gordo de la barriga fue creciendo o los senos y la cola perdieron su forma. Pero Sills también dedica gran parte del texto a mostrar todo lo que se requiere para desnudarse emocionalmente y estar lista para una nueva relación. "Es muy diferente divorciarse y volver a la escena a los 30 que hacerlo a los 55 años o más. A esa edad tenemos hábitos cotidianos, preocupaciones de dinero, problemas con los hijos, en fin, asuntos que un marido no cuestionaba pero un nuevo hombre probablemente sí lo hará".

Y es que no sólo ellas han cambiado, sino que el mundo evolucionó mientras vivían felices en su nido de amor. Está Internet, por ejemplo, con todos los sitios para conocer pareja, que si bien ofrece una mayor oportunidad de conexión con gente de todas partes del mundo, requiere un entrenamiento para hacerlo con seguridad y eficacia; están otras mujeres más jóvenes y extrovertidas que son una clara competencia, y también están nuevos peligros, como el sida, que para ellas nunca fue otra cosa que un discurso que se les debía dar a los hijos y hoy también deben poner en práctica. Dados los problemas mecánicos del aparato reproductor masculino, propios de la edad, muchos hombres son renuentes a usar condones porque ello interfiere con su desempeño en la cama, por lo cual el tema del sexo y la seguridad a estas alturas puede ser mucho más incómodo, "sobre todo cuando algunas nunca hablaron de sexo de manera espontánea y ahora deben hacerlo con un señor que ni siquiera sabe cuál es su segundo nombre", dice Sills.

Es cierto que para hombres y mujeres en esa situación la ansiedad de volver al ruedo y no cometer los mismos errores de antes es igual. No obstante, Sills considera que ellos tienen más oportunidades no sólo porque pueden mirar a mujeres más jóvenes, sino porque la gente tiende a concertarles citas y a emparejarlos más que a las mujeres, debido a la creencia universal de que luego de cierto tiempo, ellas ya no son activas ni sentimental ni sexualmente. A la mujer mayor y sola la sociedad la discrimina. Además las solteras de 50 y más no cuentan con quién hablar de estos temas, pues sus amigas "no han salido con otros hombres desde hace años" y no tienen la más remota idea de cómo aconsejarlas de manera acertada. La realidad es que la gran mayoría de quienes están solas, incluso a los 70, sigue anhelando el afecto y la compañía de un hombre.

Pero sin la orientación adecuada, dice Sills, muchas de ellas tiran la toalla en el primer intento o inconscientemente ven problemas en todos sus pretendientes para no asumir los riesgos propios del enamoramiento. En ese proceso también es posible que algunas lleguen a la cama sólo buscando sexo, pero terminen queriendo una relación estable, o que se aten al hombre inadecuado para no estar solas. Así mismo, están aquellas mujeres que no quieren volver a cometer errores y son excesivamente desconfiadas y controladoras, lo que en últimas termina por aburrir a sus compañeros. O las que hablan de sus hijos y de su ex todo el tiempo y consiguen el mismo resultado. Sills advierte que habrá una serie de hombres que pasarán transitoriamente, posiblemente dejándoles el corazón roto, pero estas relaciones vistas a largo plazo le ayudaran a ganar confianza en sí mismas.

Está, por ejemplo, el novio que es opuesto al esposo y que ella llama el 'limpiador del paladar', equivalente al pan en una cata de vino, que se usa para borrar el sabor de la botella anterior y preparar la boca para la siguiente. En este caso, este personaje es el encargado de hacerle olvidar a su ex. Si el marido era organizado, calculador y materialista, es posible que este nuevo amor sea un artista apasionado y sin ataduras a horarios que "satisface necesidades emocionales luego de una larga hambruna- dice la autora- Por eso vienen con un alto riesgo de un compromiso prematuro de su parte".

Sills señala un segundo tipo de relación, la funcional, y es la que se establece con aquel amigo que asume muchas tareas, como llevar el carro al taller, llevarla a su casa en la noche y que incluso se involucra en el proceso de divorcio y la asesora para que no vaya a salir perjudicada en sus finanzas. Sin saberlo, las mujeres pueden hacer el papel de rehabilitadoras de solteros, es decir, de mujeres que rescatan al viudo o divorciado cuando está frágil y desubicado por la pérdida de su antigua relación y lo liberan de muchas cargas. Pero una vez esta persona vuelve a organizar sus asuntos, considera el trabajo hecho y sigue adelante. Por último, está el mentor sexual, que es el encargado de volverle a dar la confianza física para gozar estar desnuda en la cama con otro hombre de nuevo. "Es un tipo que entiende que una mujer que vuelve al escenario luego de un retiro temporal necesita una ayuda lenta, paciente y cálida de su parte", comenta Sills.

Pero entre todas las dificultades, la sicóloga señala ciertas ventajas de darles una nueva oportunidad a los hombres a esta edad. A los 20, las prioridades eran buscar una persona educada, ojalá atractiva, apta para criar hijos, establecer una casa y que fuera aceptado por la familia y los amigos. A los 50, y ya con los hijos al otro lado, "la prioridad es que su nueva pareja le sirva a usted y a nadie más", enfatiza Sills. Para eso el reto más importante que tiene la mujer por delante es saber qué es lo que quiere. Paradójicamente, esto puede ser lo más difícil y el proceso de buscar la respuesta puede tomar mucho tiempo. Algunas mujeres descubren en el camino que no quieren volver a casarse y que todo lo que necesitan de un hombre es su compañía esporádica para un viaje por Europa, lo que dobla las posibilidades de encontrar esa pareja.

Sills admite que en el mercado del usado el número de posibles aspirantes es mucho menor y a esa edad ya algunos vienen con un gran historial que incluye ex esposa, hijos, ex novias y, lamentablemente, achaques de salud. Sin embargo, señala que la experiencia vale la pena pues muchas veces, y sobre todo si el comprador va sin altas expectativas, con una mente abierta y buena actitud, hasta en los mercados de las pulgas se encuentran tesoros.

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