Lunes, 15 de septiembre de 2014

| 2011/06/18 00:00

El guardián del cañón del Combeima

Sus programas sociales han beneficiado a cientos de niños, ancianos y muchos habitantes del sitio turístico más popular de Ibagué.

Ángel ALberto Lozano, el guardián del Combeima, lleva 38 años cuidando el cañón.

A 30 minutos de Ibagué, entre las montañas que forman el cañón del Combeima, se ubica el corregimiento de Juntas. Sobresale entre los turistas y los habitantes un hombre trigueño, de mediana estatura, con uniforme caqui de scout, rabo'e gallo verde, espada y bastón de mando. Adornan su camisa banderines y medallas de condecoraciones nacionales e internacionales. Es Ángel Alberto Lozano, conocido como 'el Guardián del Combeima'.

Tiene 48 años, de los cuales ha dedicado 38 a ayudar a la humanidad y a preservar el cañón. Allí, en el lugar que lo vio crecer, comenzó su carrera altruista, como testigo de tanta pobreza y necesidades padecidas, especialmente por los niños. A los 10 años lanzó la campaña 'Obra social del niño pobre', que pretendía recolectar regalos de Navidad para los niños del lugar. "No fue fácil. Siendo tan pequeño, ¿quién iba a creer en mí?", dice.

Ángel Alberto logró recoger 62 regalos, y desde entonces, cada diciembre hace lo mismo. Y desde 1989 conformó un 'retén ecológico' en el cual 47 menores abordan a los turistas y los invitan a cuidar el ecosistema. La gente, en agradecimiento, aporta voluntariamente dinero con el que pagan su transporte escolar, compran útiles y uniformes.

Las actividades de benevolencia del 'Guardián' son incontables, entre ellas, sus visitas a la cárcel de Ibagué para llevar mensajes a los presos, para lo cual en 1977 fundó el Patronato de las Cárceles en compañía de varias damas ibaguereñas.

Con las Siervas de Cristo realiza la labor de acompañar, a través de la pastoral de enfermos creada en 1975, a pacientes que llegan solos a hospitales de la ciudad. Con todas sus obras, su tesón y liderazgo, Ángel Alberto se ha convertido en el representante de toda una comunidad. A él acuden desde niños hasta ancianos para que defienda sus intereses y hasta sus vidas. 

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