m.semana.com
Aplicación Móvil Semana.com

Usted está en: Cultura

Compartir: Facebook Twitter

La comezón del séptimo año

El Hay Festival de Cartagena ha influido en la manera como se hacen eventos culturales en Colombia. SEMANA hace un balance a propósito de su séptima versión, que comenzará el próximo 26 de enero.

La comezón del séptimo año. El Hay impuso un set informal para presentar a los personajes.
Un sofá en vez de la tradicional mesa con sillas. Y los escritores relajados, con una vestimenta informal, diciendo cosas interesantes pero también haciendo chistes. Esa es la imagen imborrable que tuvieron los asistentes al primer Hay Festival de Cartagena de Indias en 2006. Una manera menos solemne de escucharlos y una posibilidad real de abordarlos y hacerles preguntas. Este formato, ya conocido en el set televisivo, era nuevo para presentar los temas culturales. Además, ¿pagar para escuchar a un escritor? ¿El escritor convertido en una estrella mediática? Muchos pegaron el grito en el cielo: la frivolidad se había tomado la cultura colombiana. O, quizás, había llegado una forma distinta de hacer cultura.

Hace 12 años, gracias a la intermediación de Carlos Fuentes, los organizadores del Hay Festival escogieron a Cartagena de Indias como el lugar para replicar este evento. Este festival literario y artístico nació en Hay-on-Wye, un pequeño pueblo de Gales, en donde se celebra desde 1988, en un ambiente de amigos, y reúne a escritores, músicos, cineastas y personalidades de la cultura y la política. "Un Woodstock de la mente", lo llamó el expresidente Bill Clinton. Por cierto, Carlos Fuentes es uno de los principales invitados este año a la séptima versión del Hay Festival de Cartagena. Una buena oportunidad para evaluar su aporte a la actividad cultural de Colombia.

El efecto se sintió muy pronto. Varios festivales culturales replicaron el modelo de los patrocinios, de cobrar por los eventos, de traer escritores internacionales reconocidos y presentar a los nacionales al mismo nivel -o en el mismo sofá, porque el sofá se impuso como una marca de estilo antiacadémico-. Hubo variaciones: un tiempo menos rígido que permitiera profundizar en los temas -a pesar de que en el Hay por ningún motivo una charla se puede extender más de una hora-. Al fin y al cabo, no siempre el tiempo es el oro televisivo y el aburrimiento nunca ha sido un fantasma para la cultura, como sí lo es para la industria del entretenimiento. Sin embargo, lo anterior puede resultar anecdótico. El gran debate que ha traído el Hay Festival es el de 'vender la cultura' y no mendigarla, el de canjearla por publicidad a través de un modelo eficiente y rentable empaquetado con glamour. Un tema que parece tabú y que todavía genera bastante polémica. Andrés Hoyos, fundador de la revista El Malpensante, opina lo siguiente: "Yo solo le veo efectos positivos al Hay sobre la cultura en Colombia: es un evento divertido y agradable, que trae escritores interesantes y los conecta con un público amplio. Quizá sí es cierto que en él predominan los estratos más altos, pero por una vez la literatura está en las primeras páginas de los periódicos y en los noticieros de radio y televisión, es decir, en contacto con las grandes mayorías. A causa de un evento como el Hay, la gente lee más y siente curiosidad por la cultura. Nada de lo anterior, obviamente, es negativo". Para el escritor y columnista Óscar Collazos, "El Hay Festival introdujo una modalidad en la tradición de los festivales literarios que conocíamos en Colombia: su informalidad y el alto prestigio de los escritores extranjeros invitados, dándole a la conversación el sentido de espectáculo. ¿En la gestión? Proponer un evento de alta calidad internacional y salir a buscarle financiación nacional".

Para Heriberto Fiorillo -escritor y cineasta, director del Carnaval Internacional de las Artes y de la Fundación La Cueva de Barranquilla- la influencia no ha sido en una sola vía: "El Hay consagra y multiplica estos encuentros del novelista con sus lectores, siendo el primero de estos un periodista asignado para entrevistarlo. Todos -personaje, entrevistador y receptor- al mismo tiempo, en el mismo sitio. Esta especie de maratón de entrevistas con escritores de prestigio y gran renombre la habíamos vivido en Colombia, de algún modo, solo en las ferias de libros. Hasta que llegó el Hay a Cartagena, gracias a Carlos Fuentes. Al año siguiente, inspirados, claro, en el Hay y también en el encuentro internacional Pensar en Carnaval realizado en Barranquilla con Mincultura, diseñamos El Carnaval Internacional de las Artes, con la diferencia de que nuestro festival no solo está conformado por personajes literarios sino por creadores de distintas disciplinas culturales: músicos, fotógrafos, pintores, caricaturistas, payasos, etcétera. Después de cinco años creemos que, hoy por hoy, el Hay programa personajes extraliterarios inspirándose en nosotros".

"El Hay es un evento elitista" es una frase que se escucha con frecuencia. ¿Qué tanta verdad hay en eso? Óscar Collazos, escritor y columnista, piensa lo siguiente: "Como la lectura de obras literarias, es un evento elitista que tiene, en algunos casos, ribetes de masas cuando se trata de grandes escritores de prestigio internacional. Aquí todo gira alrededor de los escritores y sus obras. Por supuesto que el pueblo y la clase media que paga 100.000 pesos por un concierto de Diomedes Díaz, no pagará 10.000 por una conferencia de Carlos Fuentes, Almudena Grandes o Salman Rushdie, por ejemplo. Ni siquiera se plantea la posibilidad de pagar por escuchar a un escritor que no ha leído, como tampoco se ha planteado la posibilidad de comprar por 40.000 pesos una buena novela después de pagar 200.000 por una botella de whisky". Cristina Fuentes, directora del Hay Festival de Cartagena, es enfática al respecto: "Eso no es cierto. Traemos autores por cinco días a Colombia y ellos caminan por las calles, conversan con su gente, firman libros, están presentes viviendo de la ciudad y su gente todo ese tiempo. Esto es mucho más de lo que un autor que está en Hay-on-Wye puede esperar. Lo que más le impresiona a los autores que traemos es que la gente les pare en la calle para comentar sobre un punto en particular que oyó en su charla: es una energía y un interés que no encuentran en otras partes. ¡Lo mejor del festival es su público!".

En Xalapa (México) se hace el Hay Festival con un público universitario; en Hay-on-Wye, según cuenta el escritor Juan Esteban Constaín, "existe una simbiosis perfecta entre pueblo, sociedad y festival". El referente social de Cartagena, con sus extremos de pobreza -la mayor de Colombia, según el Banco de la República- y aristocracia, siempre será un elemento perturbador a la hora de hablar de cultura. Aunque en este punto el Hay tiene mucho que mostrar, como el Hay Festivalito Comunitario que apoya a la Fundación Plan Internacional para llevar su evento a las comunidades vulnerables de Cartagena. No solo lleva a varios de los artistas invitados sino que ofrece su apoyo a través de los programas de comprensión lectora y de escritura (Punto de Partida) -operados y creados por Lía de Roux y Carolina Torres, que tienen cobertura de 3.000 niños y duran todo el año escolar-.

Para Cristina Fuentes, uno de los grandes logros del festival, además de consolidarse, ha sido el de haber traído por primera vez a grandes personajes a Colombia y haber dado a conocer muy buenos autores colombianos. Entretanto, ¿qué le ha dejado a Cartagena el Hay Festival en estos siete años? Dice Óscar Collazos: "El enriquecimiento de su marca-ciudad. La elección de la ciudad como escenario de un modelo de turismo cultural que contrasta con el otro modelo: el del jet set social y empresarial; las grandes inversiones hoteleras o el turismo masivo de sol, playa, alcohol y discotecas; y ese otro turismo que promueve el mercado de la prostitución y las drogas". 
PUBLICIDAD
BUSCAR:

Nuestras Publicaciones